Jueves, 6 de Marzo del 2025

Salud mental y práctica deportiva



El concepto de salud mental no está exento de discusiones y complejidades. Sus posibles definiciones no son naturales, sino que dependen de posiciones ideológicas, históricas y culturales. Lo que en un contexto social, cultural y político determinado puede ser considerado saludable, puede que en otro no lo sea; de la misma manera, aquello que para un sujeto puede ser un recurso en un momento determinado de su vida, puede volverse problemático a partir de determinadas condiciones.


La Organización Mundial de la Salud define a la salud mental como “un estado de completo bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”. Esta definición, si bien puede ser orientativa y funcionar al modo de una herramienta, convoca ciertas discusiones, por ejemplo: 


  • definir a la salud como un estado no nos permite pensarla como un proceso, es decir, como una dinámica permanente; 

  • luego, está el problema de definirla como un completo bienestar, el cual es técnicamente imposible, además de dejar de lado que en ciertas situaciones lo más saludable puede ser sentirse mal, por ejemplo ante un duelo o un hecho penoso. Es inherente a la condición humana que haya un cierto malestar, necesario como para mantener el movimiento de la vida. El imperativo de tener que estar bien todo el tiempo solo produce un padecimiento peor: el dolor que se reniega, entra por la ventana. Habría que pensar una concepción de salud mental que incluya el malestar, aunque no para instalarse allí; 

  • En relación a poder trabajar de manera productiva, podríamos afirmar que sentirse bien en una situación laboral deteriorante, adaptarse a condiciones indignas de trabajo y ser productivo a cualquier costo tampoco resulta saludable: no toda adaptación es buena. 


Por su parte, para el psicoanálisis el término salud mental es relativamente problemático. Desde nuestra perspectiva, lo normal es lo patológico: todos estamos un poco “locos”. No obstante, esto no nos impide pensar a la salud mental en términos de subjetividad, o sea lo que puede ser saludable o no para ese sujeto en su singularidad y en su historia: una idea de salud mental que no deje por fuera al deseo. 


Jean Allouch definió la salud mental como “la capacidad de pasar a otra cosa”, que no es ni el desinterés ni el olvido ni el “soltar” que proponen algunos influerces: es, por una parte, poder pasar a otra escena, poder habitar otros problemas, no quedar-se preso de ciertas situaciones o malestares de los cuales es necesario poder entrar y salir; también se refiere a los recursos del sujeto para hacerle frente a sus conflictos, poder elaborarlos y subjetivarlos, poder pensar los problemas o el malestar desde distintos lugares, que no sea siempre la misma cosa: de allí la relación entre salud mental y repetición; y también podría referirse con “pasar a otra cosa” al poder salirse de uno mismo, no quedarse encerrado y apresado en los pensamientos. Esta perspectiva es particularmente relevante en relación a las depresiones, donde es fundamental la presencia de algún otro que aloje y escuche. 


Sigmund Freud, por su parte, definió al sujeto sano como aquel que puede recuperar la capacidad de amar y de trabajar. Ahora bien, por supuesto, no cualquier trabajo ni cualquier amor: la salud está del lado de la dignidad y del deseo. Con su proposición, se refiere a que ambos -trabajo y amor- suponen franquear la retracción libidinal que caracteriza a la enfermedad, como decíamos antes: poder salir de uno mismo, establecer lazos posibles y humanamente dignos con el otro. 


En relación al deporte, por una parte podemos plantear que éste está estrechamente ligado al juego, y por lo tanto, puede tener una función estructurante del psiquismo. Desde ese lugar, “el deporte es salud”: cumple un rol fundamental para la constitución del cuerpo, para la socialización y para la sublimación. Es un medio a partir del cual el sujeto puede extraer una satisfacción y a la vez resolver tensiones internas, apelando a la creatividad, y siguiendo ciertas reglas que posibilitan un lazo al otro de una manera menos agresiva.

Ahora bien, no siempre el deporte es salud, o al menos no de cualquier manera. Sobre todo, depende del lugar desde el cual se lo practica, es decir, desde qué posición. A su vez; en el contexto del alto rendimiento y la profesionalización del deporte, es necesario repensar las condiciones de trabajo, qué tipo de lazo se constituye con los otros y con el propio cuerpo, cuál es la relación del sujeto con lo que no funciona (es decir, cómo se lleva con los límites y limitaciones), la relación con el imperativo de éxito y rendimiento, la tolerancia a las frustraciones, etc, para que la práctica deportiva no resulte alienante. Para esto, es fundamental poder escuchar al sujeto por detrás del jugador, de manera respetuosa para con su historia y para con sus maneras de transitar lo que le pueda ocurrir dentro y fuera de la cancha, de manera tal que el atleta conserve su calidad de sujeto y no sea un mero objeto o producto a ser explotado en pos de un rendimiento deportivo y/o económico.


Que en el ámbito deportivo se pueda hablar de salud mental es fundamental para promover la reflexión, así como habilitar un espacio de escucha respetuosa donde los deportistas puedan nombrar y pensar aquello que les sucede, para poder hacer con eso… otra cosa.