Negacionismo y desmentida
Nos proponemos ensayar
unas palabras a raíz de la conmemoración del Día de la Memoria por la Verdad y
la Justicia.
El discurso negacionista –palabra
casualmente desconocida para el Microsoft Word- es aquel que se propone seleccionar
uno o varios elementos o símbolos de los movimientos de Derechos Humanos para,
a través de su cuestionamiento, rechazar o minimizar de manera general los
crímenes de lesa humanidad cometidos por la última dictadura militar. Podemos
leer, en este sentido, al negacionismo como una modalidad de la “renegación”
o “desmentida”, términos acuñados
por Freud para describir el mecanismo psíquico por el cual el sujeto rehúsa
reconocer la realidad de una percepción traumática: más bien, no es en sí la
percepción la que se rechaza –dado que esta permanece en la conciencia- sino
las consecuencias lógicas que tendría su aceptación. Renegar es decir “SÍ, PERO NO”. La renegación no sólo se
refiere a una afirmación a la que uno se opone, sino a un derecho o a un bien
al que se rehúsa en consecuencia, es decir, a deslegitimar un reclamo.
Si bien la renegación es definida
por Freud para explicar un mecanismo de defensa propio de las psicosis y las
perversiones, en el uso social y político del mecanismo se entrevé no tanto un
rechazo de lo acontecido como su reivindicación: la enunciación -es decir, la
toma de posición- de los sectores de ultraderecha con respecto al secuestro,
tortura, desaparición y asesinato de militantes políticos, trabajadores,
sindicalistas, estudiantes, etc., es de justificación y aceptación. Basta con
observar la simbología utilizada por sus agrupaciones y adeptos, así como
distintas afirmaciones celebratorias de la crueldad, la denigración, la
segregación y el no reconocimiento de la humanidad en el otro disidente.
Celebración del ejercicio de la violencia desde el Estado, entidad que debería
encargarse de la regulación de las legalidades y del pacto pacífico de
convivencia en una sociedad.
Como contracara, nos encontramos
con el reclamo de Memoria, Verdad y Justicia de parte de los organismos de
DDHH. A casi 50 años de lo acontecido, persiste la manifestación colectiva que
busca una reparación. Reparación imposible y al mismo tiempo necesaria, pues lo
que se busca es devolver a la víctima su dignidad humana a través del ejercicio
ético de la memoria. “Un traumatismo
puede dejar para el sujeto algo en suspenso, algo que puede perdurar hasta
tanto no se haya vuelto a encontrar un acuerdo” (Lacan, 1960). Recuerdo en
acto, que lucha por una inscripción simbólica de aquellos que fueron
desaparecidos, para que recuperen su entidad y no sean una incógnita -cual anhelo
de Videla-; inscripción simbólica para aquellos que fueron asesinados y que no
tuvieron derecho a una sepultura (redoblamiento de la desaparición que buscó
extender y prolongar al infinito el dolor de los familiares); lucha también por
aquellos hijos y nietos que fueron ilegalmente apropiados, para que puedan
recuperar su nombre propio, su filiación e historia familiar.